Los infantes y jinetes de las primeras partidas carlistas en Levante del barón de Hervás o de Marcoval no disponían de uniformes. Además, los primeros alzados en armas en el viejo reino de Valencia y Aragón no tuvieron mucho éxito y durante los primeros años hubo, junto a pequeños triunfos locales, grandes fracasos que hicieron imposible la consolidación de un núcleo sólido de defensores del carlismo, hasta el extremo que el fracaso ante Morella y la destrucción sistemática de las partidas que quedaban tras el desastre de Calanda en diciembre de 1833, casi acaban con el legitimismo en la región. Los sucesores de Hervás, desde el propio Marcoval, hasta Carnicer, apenas pudieron contar con fuerzas organizadas de forma regular.
Carnicer, hombre capaz y experimentado, antiguo guardia real, fue capaz de aglutinar a sus órdenes a las partidas de Miralles, El Serrador y Quílez, con los que logró formar una fuerza notable de infantería, pero con sólo 100 jinetes. La derrota de Mayals el 10 de abril de 1834 fue el fin de su pequeño ejército y supuso un grave quebranto para el carlismo del Levante, en un tiempo en el
que habían comenzado ya los contactos con Zumalacárregui.
La indumentaria que viste Marcoval, responsable del nombramiento como capitán de Ramón Cabrera en febrero de 1834, es típica de la indumentaria civil militarizada de los primeros tiempos de la guerra en el Maestrazgo, en la que había una mezcla de ropas de origen civil con otras procedentes del ejército, bien capturadas al enemigo, bien procedentes de los antiguos cuerpos realistas, no existiendo unidades uniformadas hasta muy avanzado 1835, cuando Cabrera era ya el líder indiscutible del legitimismo en los reinos de Aragón y Valencia. En estos primeros años era frecuente que los jefes de las partidas usasen elementos militares para identificación de rangos, pero el odio que había a los nacionales y al ejército regular, provocó que muchos jefes carlistas desde el propio Cabrera hasta Forcadell, jamás empleasen distintivos propios del Ejército.
En contra de lo que mucha gente cree, en la Primera Guerra Carlista las boinas ni fueron de uso frecuente hasta muy avanzada la guerra y sólo en algunas zonas.