En la brillante acción guerrera de Maella, favorable a las armas carlistas de don Ramón Cabrera y Griñó, librada en el término de Vall de Gil, de la villa zaragozana de Maella. En ella sería totalmente destruida la división liberal llamada «el Ramillete», mandada por el general Pardiñas. La noche anterior, en Valdealgorfa (T.), en el transcurso de la cena, el general Cabrera vaticinó ante sus ayudantes y jefes la derrota del «Ramillete» y la muerte de uno de los presentes, así como del general cristino —ambas cosas ocurrieron—.
Las tropas carlistas estaban formadas por los batallones de Mora, el 1.° de Tortosa, Guías de Aragón, Tiradores de Aragón —caballería—, Lanceros de Tortosa, 3.° de Lanceros de Aragón y, en reserva, el 2.° de Tortosa. Pardiñas contaba con tres batallones del Regimiento de Córdoba, dos batallones del de África y la caballería. La lucha fue encarnizada, los carlistas fueron arrollados al principio, en su ala derecha, por el brigadier Urbina, y el propio Cabrera fue herido en un brazo, lo que enardeció los ánimos de sus tropas, inclinando el triunfo del lado carlista.
Murió en la acción el general Pardiñas, y los escasos supervivientes se batieron en retirada hacia Caspe, reagrupados por el brigadier don Pascual Álvarez y el jefe de Estado Mayor don Anselmo Blaser y San Martín, marqués de Ciga, natural de Siresa (H.), que habría de llegar a ministro de la Guerra en 1854. Las bajas ascendieron a mil hombres en los dos campos, de los cuales, al parecer, cincuenta y siete eran carlistas, según manifiesta Cabrera en el parte de guerra; y se hicieron 2.115 prisioneros a los cristinos. La victoria de Maella tuvo su importancia en el curso de la primera guerra carlista y acabó con el desafortunado mando del cristino Oraa en el Ejército del Centro.
El general Pardiñas, viste la levita sencilla de campaña que fue muy popular entre los altos mandos del Ejército Liberal.
El general Pardiñas cae herido de muerte em Maella, 1 de octubre de 1838. La brillante victoria de Cabrera y la destrucción de la división que mandaba el general liberal, no era ya suficiente para cambiar el curso de la guerra.