España en África
La presencia española en Africa ha levantado sentimientos, pasiones muy dispares y ninguna indiferencia. Los primeros contactos africanos de la Corona de Castilla datan de 1402, cuando Juan de Bethancour inicia el proceso conquistador de Canarias, que culminará algunos años después en el reinado de los Reyes Católicos; será esta expedición la que tome contacto con la costa sahariana y funde el fuerte de Santa María del Mar Pequeña, primer asentamiento español en esta zona del continente. Cien años después, ocurre lo mismo con Villa Cisneros, en el actual Sáhara Occidental. No obstante, a estos iniciales asentamientos saharianos no va a seguir ninguna nueva fundación hasta el siglo XVIII, en que España vuelva a retomar la posibilidad de habitar y poblar este árido territorio. El norte de África constituirá una de las vías naturales de expansión de España, junto al Mediterráneo y al Atlántico. Las plazas fuertes de toda la antigua provincia romana de Mauritania Tingitana serán disputadas por españoles y musulmanes, destacándose las pugnas en época de los Reyes Católicos y de los Austrias Mayores por Melilla, Túnez, Orán, Argel, Trípoli, Mazalquivir y Tlemecén; estas últimas perdidas en 1792. En cuanto a Ceuta, va a ser posesión portuguesa, integrándose en la monarquía hispánica en 1580, y permaneciendo fiel a la Corona en la sublevación de 1640, con lo que quedará definitivamente unida al destino de España.
En el siglo XVIII se llegará al África tropical. En virtud del Tratado de San Ildefonso, Portugal entrega a España la isla de Fernando Poo, la actual Bioko, que inmediatamente será evangelizada por las distintas órdenes religiosas enviadas desde la Península. La pérdida de los territorios asiáticos y americanos dejará reducido el Imperio a la España peninsular y a la africana, que pasará a ser el nuevo escenario de la política exterior española. Tras la Conferencia de Berlín, en la que las potencias europeas se dividen el continente negro, triunfando el colonialismo. España va a mantener sus tradicionales territorios, aunque se le concede una franja de 26 mil kilómetros cuadrados. El siglo XX se inicia con una impresionante ofensiva en el norte de África, que se tardará varios años en pacificar. Las tribus rifeñas y bereberes atacan las ciudades y los cuarteles del Protectorado Español en Marruecos. Tras una larga lista de fracasos militares, acuciados por el desastre político de un régimen tan caduco como el de la Restauración, España se ve ahogada, por un lado, en la crisis económica, y por otro, en la sangría marroquí, especialmente dolorosa en el Barranco del Lobo y el Desastre de Annual, donde más de trece mil jóvenes españoles morirían en el combate, la mayor parte degollados. No sería hasta cuatro años después, con el desembarco en Alhucemas, cuando se terminaría por pacificar momentáneamente el territorio.
Tras la Guerra Civil, el nuevo régimen acabaría con las últimas provincias españolas en África, y España caería víctima de sus propias contradicciones teóricas y prácticas. Desde 1956, en el norte de África tan sólo van a permanecer Ceuta, Melilla, las islas Chafarinas y Alhucemas, reclamado todo desde entonces por Marruecos. En África Ecuatorial, el proceso va a tener el mismo destino. En 1956, Madrid decide configurar a Rio Muni y Fernando Poo como la provincia número 53, tras Sáhara Occidental. Tres años después, y con el objeto de favorecer la integración de las distintas tribus, las etnias fang y bubi, se decide dividir el territorio en dos provincias: la 53, compuesta por Fernando Poo y la isla de Annobon, y la número 54, formada por Eleobey grande, Eleobey Chico y la también isla de Corisco y Rio Muni. En 1968, el régimen de Franco, presionado por las grandes potencias, se verá obligado a declarar independientes ambas provincias. El último episodio tiene lugar en 1975 en el Sáhara Occidental. Hassán II avanzó sobre la provincia española con el beneplácito occidental y la inoperancia del gobierno español. La Marcha Verde, en realidad un gran escudo humano que ocultaba un contingente militar fuertemente armado, se dirigió contra el territorio guardado por la Legión, que tenía orden de minar el campo de seguridad, orden que fue retirada a última hora. España abandonaría a miles de hispano-saharauis, ante la presión marroquí. La Legión, en un último gesto serraría el mástil de la bandera de la provincia 52, un territorio que había sido español desde hacía casi 500 años.
El Director
Miguel del Rey


Guinea. Y al final,...la crisis
José A. Alcaide Yebra
En 1968 el Gobierno español, en el que los tecnócratas desarrollistas solían imponer sus posturas, poco o nada belicistas, decidió abandonar Guinea de forma definitiva tras los problemas que en la Colonia había provocado la guerrilla pro-comunista. Toda claudicación, para evitar males mayores, como aquella, acaba siempre en .crisis., en este caso la de los últimos guardias civiles en Guinea.

La batalla de Wad-Ras
Grupo Ristre. Ilustraciones Luis Leza e Infografías Francisco Castracane
El general en jefe del ejército de África al Excmo. Sr. Ministro interino de la Guerra:
Campamento del Valle de Gualdrás, 23 de marzo de 1860, a las cinco de la tarde.Batalla y victoria completa. El enemigo, fuertemente situado en posiciones de difícil acceso, nos esperaba a una legua de Tetuán. Con gran empeño ha tratado de estorbar el movimiento del ejército. Desalojado sucesivamente de todas las posiciones, y arrojado en el valle, en donde se presentó también en fuerzas considerables, ha tenido que levantar su campamento a toda prisa para que no cayese en poder nuestro...

La Fortaleza de Melilla
Antonio Quesada Carrión
La parte antigua de la ciudad de Melilla, Melilla la Vieja, esta situada en la costa del norte de Africa, sobre una gran roca calcárea de unos 30 metros de altura que se interna en el Mediterráneo en la vertiente oriental del Cabo Tres Forcas, en la albufera de la Mar Chica. Se encuentra asentada sobre la antigua Rusadir, la ciudad fenicia del siglo III antes de Cristo en la que, sucesivamente, vivieron cartagineses y romanos.

1909-1920. La caballería española durante las campañas africanas del reinado de Alfonso XIII
Miguel del Rey Vicente
Ilustraciones Luis Leza Suárez
La lectura de las disposiciones reglamentarias de uniformidad de la caballería de África y las numerosas fotografías que pueden examinarse en las revistas gráficas de la época nos lleva al convencimiento de que los distintos Regimientos vestían en campaña como querían o podían, sin una constante para toda el Arma, entremezclando el paño con el kaki y el rayadillo, aunque predominase éste último.

Las banderas de las campañas africanas
Equipo Ristre
Ilustraciones Luis Leza Suárez
La disputa por el Mar Caribe puso en primer término durante todo el tiempo que España permaneció en América la necesidad de una presencia continua en los lugares estratégicos de los virreinatos o gobernaciones que sirviese también como abrigo de las rutas de comercio. La Corona designó a estos enclaves como llaves, y uno de los principales fue San Agustín, que dominaba el denominado Paso de las Bahamas.

Las banderas del 5º Regimiento de Milicias Populares
José Luis Alonso y Juan Manuel Peña
En la Guerra Civil de 1936-1939, fue notoria la actuación del Quinto Regimiento de Milicias Populares, unidad formada en Madrid en el año 1936, a partir del levantamiento militar del 18 de julio de ese año que terminó con la II República Española.
Se llamó Quinto Regimiento dado que éste fue el último batallón de milicias voluntarias que se formó en Madrid, donde ya se habían organizado cuatro regimientos.

El Regimiento de Caballería Acorazado Pavía nº 4
Redacción de Ristre
El regimiento de Pavía, que lleva el nombre de la victoriosa batalla habida frente a la ciudad italiana el 24 Febrero de 1525, en la cual cayó prisionero el rey Francisco I de Francia, fue creado por orden del conde de Meglar, gobernador general de los Estados de Milán, en Lombardía, Italia, el 1 de mayo de 1684, sobre la base de 5 compañías de jinetes croatas. Pasó a ser Tercio de Dragones, el 9 de abril del año siguiente a las órdenes del conde de Scheldon; su primer coronel y del que recibió la unidad su primer nombre: Dragones de Scheldon. Desde entonces y hasta hoy es uno de los regimientos más gloriosos de la caballería española.